El rol de la Carta Internacional de los Derechos Humanos en el Siglo XXI

 

Normalmente, la historia de la humanidad está llena de relatos donde el poder atropella y aplasta, seduce y trastorna los destinos de la gente justificándose en la búsqueda del mismo, manteniendo el pragmatismo como la única solución a todos los problemas de las sociedades. Ejemplos sobran, y cercanos mucho más. En América, que decir desde la conquista de las ancestrales culturas y las matanzas injustificadas. Durante la colonia se aceptaba la práctica de la esclavitud. Durante la última mitad del siglo XX, encontramos páginas negras de la historia donde no se permitía la libertad de pensamiento, de asociación, de expresión política. ¿Sinónimos? Probablemente represión, “gorilismo”, terrorismo de estado, dictaduras. Y, globalmente, en años recientes, podemos encontrar toda una serie ascendente de expresiones de intolerancia hacia otras culturas y prácticas gubernamentales, sin mencionar la pena de muerte en muchos países y la tortura como práctica aceptada. 

Basta con mirar en los libros de historia para saber que los Derechos humanos fueron redactados en un ambiente de cooperación internacional amistosa. Recién salía el mundo de una guerra que tendría consecuencias globales y generacionales para millones de personas en el mundo, y algunos líderes se reunieron para discutir la formación del documento que, junto con las instituciones de las Naciones Unidas, serían la base del nuevo orden mundial. El simple hecho de que entre los participantes se pudieran encontrar ciudadanos de distintas facciones (en el marco de la Guerra Fría) nos hace recordar que los buenos deseos y la amistad son la base de las relaciones humanas duraderas. Ese es, por lo menos, uno de los temas que no da lugar a la refutación.  

Hoy enfrentamos un cuadro de atraso de todo tipo en el mundo. Es difícil imaginar sociedades completas con acceso a lo más básico para poder conseguir sus sueños. Es difícil, tener una idea completa del mapa de historias que cada día cruzan las fronteras de los estados nación en busca de una situación mejor para los suyos. Es difícil también, pensar que hoy en día la ética y la moral podrían arrancar de raíz a la corrupción y la delincuencia.

En mi opinión, el documento de la Carta Internacional de Derechos Humanos debe servir como fundamento y apoyo a las acciones civiles, empresariales y gubernamentales en búsqueda de la equidad en todos sus aspectos. Prácticamente, la Carta de Derechos Humanos incluye todos los elementos del desarrollo sustentable. Y en este tenor, me parece interesante mencionar que el texto de los Derechos Humanos no se inclina a ningún espectro político. No son ideas de derecha o izquierda, son ideales universales creados y compartidos por seres humanos. Pensemos que, si se cumpliera cada uno de los artículos de la Declaración, de los Protocolos y de los Pactos, podríamos imaginar cómo sería una sociedad ideal. 

 Hace unos días, comentábamos en el Diálogo de las Américas en la ciudad de Monterrey, que el proceso de transformación de la sociedad debe estar fundamentado en un sistema de educación con visión global que promueva el desarrollo y la innovación. Todas las personas deberían saber lo más básico sobre Economía, Derecho, política internacional, entre otras materias de interés general.  En mi opinión, agregar los conocimientos básicos de derechos humanos a esta currícula, serviría para fomentar en las nuevas generaciones, el sentido de pertenencia a una sociedad global,  más allá de los regionalismos. 

Uno de nuestros retos para siglo XXI es el poder eliminar de raíz todos los problemas que se originan en las conciencias de todos los seres humanos, los que se basan en la intolerancia, en la xenofobia, el racismo y la indiferencia. 

Ante el cuadro de dificultades en nuestro mundo, la Carta Internacional de Derechos Humanos debe jugar un papel central en el camino hacia una sociedad global justa y equitativa. Creo que con ella se puede revivir el sentido del respeto, de la libertad y la pluralidad en cada uno de los seres humanos a su integridad y su persona, y también revivir el auténtico espíritu de la cooperación internacional basada en la amistad. No es necesario que suceda una guerra nuclear para recordarlo.  

  

Por José Alfredo Tello Dávila  

@AlfredoTello

  

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